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El Rey Te Mandó a Llamar

El Rey Te Mandó a Llamar

El Rey Te Mandó a Llamar: Gracia, Promesa y Restauración en la Mesa del Rey

La historia de Mefi-boset es mucho más que un relato antiguo; es una imagen viva del corazón de Dios hacia nosotros. Para entender su profundidad, debemos retroceder y ver cómo llegamos a este momento de restauración.

Un pacto entre amigos

Antes de que David fuera rey, cuando aún era un joven perseguido por el rey Saúl, forjó una profunda amistad con Jonatán, el hijo de Saúl. Ambos sabían que el destino de David era el trono, pero en lugar de rivalidad, surgió un pacto de lealtad y amor. En 1 Samuel 20, Jonatán hace un pacto con David, diciendo:

“Y si yo viviere, harás conmigo misericordia de Jehová, para que no muera; y no cortarás tu misericordia de mi casa para siempre.” (1 Samuel 20:14–15)

Jonatán pidió que, cuando David llegara al trono, no se olvidara de su descendencia. David, hombre de palabra y de honra, selló esa promesa con su corazón. Años más tarde, cuando el trono de Israel estaba firme bajo su gobierno, David recordó ese pacto y preguntó:

“¿Queda aún alguno de la casa de Saúl, para que yo le haga misericordia por amor de Jonatán?” (2 Samuel 9:1)

La caída de un príncipe

Fue entonces cuando mencionaron a Mefi-boset. Él era hijo de Jonatán, y había quedado cojo a los cinco años cuando su nodriza, al escuchar la noticia de la muerte de Saúl y Jonatán, huyó con él, pero en su prisa lo dejó caer (2 Samuel 4:4). El pequeño príncipe, que había nacido con todo, lo perdió todo en un instante: su familia, su estatus, su movilidad. Terminó viviendo en Lo Debar, una tierra sin fruto, oculta, insignificante. Su vida estaba marcada por una herida causada no por sus propias decisiones, sino por una circunstancia que él no controló.

¿Cuántos de nosotros no hemos quedado marcados por heridas que no pedimos? Personas con buenas intenciones nos fallaron, circunstancias imprevistas nos hirieron, y terminamos en lugares de soledad, carencia, e invisibilidad. Así estaba Mefi-boset. Pero su historia no terminó allí.

El Rey llama por causa de una promesa

David no llamó a Mefi-boset porque este lo mereciera, ni porque tuviera algo que ofrecer. Lo llamó por amor a Jonatán. Fue una promesa del rey la que abrió la puerta a la misericordia. Mefi-boset no se ganó su lugar en la mesa, fue la fidelidad de un pacto lo que lo sentó allí.

Cuando lo trajeron delante del rey, Mefi-boset se postró y se llamó a sí mismo “un perro muerto” (2 Samuel 9:8). Así se veía: roto, olvidado, sin valor. Pero David lo vio diferente. No lo vio por su pasado, ni por su condición física. Lo vio a través del lente del pacto. Por eso le dijo:

“No tengas temor, porque yo a la verdad te haré misericordia por amor de Jonatán tu padre, y te devolveré todas las tierras de Saúl tu padre; y tú comerás siempre a mi mesa.” (2 Samuel 9:7)

La mesa que cubre las imperfecciones

Mefi-boset fue llevado a la mesa del rey. No una vez, no por un día, sino para siempre. Comer en la mesa del rey no era solo una muestra de honra; era una declaración de identidad. Aunque cojo, aunque herido, él estaba sentado como un hijo del rey.

En la mesa, todos lucen iguales. Las imperfecciones quedan cubiertas por el mantel. Nadie ve si alguien está roto, si le falta algo, si ha fallado. En la mesa del rey, lo que importa es que tienes un lugar. Así es la gracia de Dios. No te llama por lo que tú puedes hacer, sino por lo que Él ya prometió hacer por ti.

El llamado sigue vigente

Así como David llamó a Mefi-boset, Dios te está llamando hoy. No por lo que mereces, sino por causa de un pacto eterno hecho en Jesús. Dios no ha olvidado tu nombre, ni tu dolor, ni tu historia. Aunque estés en Lo Debar, Él sabe dónde encontrarte. Y ha dado la orden: Tráiganlo a Mi mesa.

Quizás te sientas indigno, herido, avergonzado o sin esperanza. Pero el Rey no ve tu cojera; Él ve tu valor a través del pacto. Él quiere devolverte lo que perdiste, sanar tus heridas, y restaurarte. No importa cuán lejos te sientas, la gracia puede alcanzarte. El Rey te mandó a llamar. ¿Qué vas a hacer?

Gracia sobre mérito

Mefi-boset no pidió gracia. No la buscó. Fue la fidelidad del rey a una promesa lo que la activó. Y así también, la gracia de Dios no se basa en nuestro mérito, sino en su fidelidad. Él busca a quienes están quebrantados para sentarlos en lugares de honra. Él no se olvida de sus promesas, ni de los pactos sellados en amor.

La mesa está servida. La silla está preparada. Y el Rey te mandó a llamar. Responde al llamado. Porque aún hay lugar en la mesa del Rey.

El Rey desea que respondamos su llamado, porque el desea mostrarnos su amor.  El está buscando personas para derramar su gracia y su amor sobre ellos.   El desea cumplir su pacto, el desea bendecirte y quiere devolverte, todo lo que la vida te ha quitado.



Escucha esta canción de Danny Berríos.

 

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