Las Siete Heridas

El Señor murió en la cruz no sólo para darnos vida eterna, sino que sus heridas nos devolvieron autoridad, sanidad interna, abundancia y la fuerza de voluntad para tener el valor y coraje de obedecerlo a Él. Así entonces, con nuestras manos podemos bendecir a nuestros hijos y sanar a los enfermo, y todo lugar que pisemos en fe, será nuestro. Al ser crucificado, Jesús se convirtió en pecado para que no pequemos, en enfermedad para que no nos enfermemos, y Su corazón fue quebrantado para que nosotros jamás estemos tristes. Dios cumple cuando alguien le cree y transforma en bendición todo aquello que toques, todo aquello que pises, porque Su favor está con nosotros a partir de la cruz.

¿Quieres hoy recibir esta bendición de resurrección?