El Principio de las Primicias

 

Hay un principio y patrón específico en la Palabra de Dios que es básico, aún fundamental, para que la manifestación de las promesas y provisión de Dios ocurra en nuestras vidas.

Estamos hablando del principio de las primicias. La Fiesta de las primicias celebra y reconoce la mano de Dios de bendición y provisión sobre su pueblo.  La ofrenda de primicias es vista tan temprano como en los tiempos de Caín y Abel.

La palabra hebrea para primicias significa “una promesa por venir”, la fiesta judía que celebra la fiesta de las primicias, es una de las fiestas más mencionadas en la Biblia, en segundo lugar después de la Pascua.

En los tiempos antiguos, el proceso de juntar las primicias de los granos involucraba esmerados preparativos.  Cada familia entre los israelitas tenía que estar atenta a los primeros brotes o granos.  Una vez que los encontraban, los designaban como primeros atándoles un pedazo de hilo rojo alrededor de la rama, vástago o vid.

El principio de las primicias no estaba limitado a la vegetación.  Se lo halla en toda la Palabra, y trata con todas las “primicias”.

Note las instrucciones que Dios le dio a Moisés cuando Él preparó a los israelitas para salir de la esclavitud:

Éxodo 13:11-13 “Y cuando Jehová te haya metido en la tierra del cananeo, como te ha jurado a ti y a tus padres, y cuando te la hubiere dado, dedicarás a Jehová todo aquel que abriere matriz, y asimismo todo primer nacido de tus animales; los machos serán de Jehová. Mas todo primogénito de asno redimirás con un cordero; y si no lo redimieres, quebrarás su cerviz. También redimirás al primogénito de tus hijos.”

En versión de la Biblia Amplificada dice: … Éxodo 13:11-13 “Apartarás para el Señor todo lo primero que abre el vientre.  Asimismo todo primer nacido de tus animales; los machos serán del  Señor.  Todo primogénito de asno redimirás [sustituyéndolo por] un cordero, y si no lo redimieres, entonces quebrarás su cerviz; y todo primogénito entre sus hijos redimirás.”

Dios instruye a Israel de nuevo, diciendo: Éxodo 22:29 “No demorarás la primicia de tu cosecha ni de tu lagar.  Me darás el primogénito de tus hijos.”

Dios reclama el derecho a todo lo primero – lo primero de los granos, de todo primogénito masculino de ganado lanar y vacuno, todo primogénito macho. Todo lo primero tiene que ser dedicado a Dios por medio de Su pacto.  Cada vez que algo es llamado primero, un primer fruto, una cosa dedicada, le pertenece a Dios.

Hoy no sacrificamos más los primogénitos de nuestras ovejas o de nuestros ganados en un Templo; tampoco se requiere que redimamos nuestros hijos primogénitos con oro.  Jesús pagó por toda redención a través de Su muerte, sepultura y resurrección; Jesús es el cumplimiento de la práctica del Antiguo Testamento, Hebreos 8:6 y nos ha dado un Nuevo Pacto fundado sobre mejores promesas.

Sin embargo, el principio de las primeras cosas “las primicias” todavía permanece.  Dios no cambia en Su carácter, principios o modelos. Hebreos 13:8 “Él es el mismo ayer, hoy y siempre.”

 

Resumen

Dios todavía considera las primicias como santo y dedicado a Él, pero hoy las primicias tienen que ver con la práctica de guardar “lo principal”, lo más importante y Dios es lo principal. Dios dice que las primeras cosas le pertenecen a Él para establecer el pacto redentor con todo lo que viene después.  En el modelo de Dios, cualquier cosa que es primero establece el resto.  Lo primero es la raíz, desde la cual el resto es determinado. Entonces al principio del nuevo año, guarde “lo principal”  y ponga a Dios primero al seguir Su modelo invariable de Primicias. Honre al Señor con su mejor ofrenda de “Primicias”, para establecer la bendición y provisión para usted mismo y para su casa a través de todo el año.

Creciendo en mi Relación con Dios: Conociendo a Dios Personalmente

Los siguientes principios te ayudarán a descubrir cómo conocer a Dios personalmente y cómo experimentar la vida abundante que Él prometió.

Dios te ama y te creó para conocerlo personalmente y experimentar Su amor.

El amor de Dios por cada uno de nosotros es tan grande que no tiene que ver con tu estado actual. Él decidió amarte. Y la razón es la siguiente. Su naturaleza es amor.

Dios ofrece amor.

Juan 3:16 “Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna.”

Dios ofrece vida.

Juan 17:3 “Y ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tú has enviado. La pregunta es: ¿Qué nos impide conocer a Dios personalmente?”

El hombre es pecador y está separado de Dios, por lo tanto no puede conocerlo personalmente ni experimentar su amor sin Cristo.

El hombre es pecador.

Romanos 3:23 “Todos han pecado y están privados de la gloria de Dios.”

El hombre está separado de Dios.

Romanos 6:23 “Porque la paga del pecado es muerte…”

Dios es santo (libre de toda maldad y perfecto en comportamiento y actitud) y el hombre sin Cristo es pecador (no vive de acuerdo al propósito para el cual fue creado). Un gran abismo los separa. El hombre está tratando continuamente de alcanzar a Dios a través de sus propios esfuerzos, tales como vivir una buena vida, la filosofía o la religión, pero siempre falla en su intento.

Jesucristo es la única provisión de Dios para el pecado del hombre.

Sólo a través de Él podemos conocer a Dios personalmente y experimentar su amor.

Él murió en nuestro lugar.

Romanos 5:8 “Pero Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros.”

Él resucitó de entre los muertos.

1 Corintios 15:3,6 “Cristo murió por nuestros pecados…fue sepultado…resucitó al tercer día según las Escrituras…se apareció a Cefas, y luego a los doce. Después se apareció a más de quinientos…”

Él es el único camino a Dios.

Juan 14:6 “Yo soy el camino, la verdad y la vida,” le contestó Jesús. “Nadie llega al Padre sino por mí.”

Este versículo ilustra que Dios ha cruzado el abismo que nos separa de Él, al enviar a su hijo, Jesucristo, a morir en la cruz en nuestro lugar para pagar la condena por nuestros pecados.

Debemos individualmente recibir a Jesucristo como Salvador y Señor; sólo así podremos conocer a Dios y experimentar su amor.

Él nos llama hijos.

Juan 1:12 “Mas a cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios.”

Recibimos a Cristo mediante la fe.

Efesios 2:8,9 “Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios, no por obras, para que nadie se jacte.”

Recibimos a Cristo por medio de una invitación personal.

Apocalipsis 3:20 “Mira que estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré…”

Recibir a Cristo significa volverse a Dios, abandonando nuestra vida egocéntrica, confiando en Cristo para que venga a nuestra vida y perdone nuestros pecados. De esa manera podrá hacernos la clase de personas que Él quiere que seamos. Tan sólo estar de acuerdo intelectualmente no es suficiente. Ni es suficiente el tener una experiencia emocional. Se recibe a Cristo por fe.

Resumen

Para lograr tener una relación con Dios correcta, debemos estar claros en estos puntos específicos. No importa de qué forma nos enseñaron, o de qué manera lo hacia nuestra familia. La palabra es clara y nos establece que el único camino es Cristo. Cada uno de nosotros puede y tiene el derecho de tener una relación personal e íntima con el Padre. No busques más excusas y pretextos para comenzar una relación personal con Dios. Él te ama.

Edifica tu Casa con Sabiduría: Ingredientes para Construir un Hogar con Sabiduría

Vamos a seguir dando pasos hacia la sabiduría y si ya hemos arreglado nuestra relación con Dios, ahora nos toca trabajar con la siguiente relación por orden de intimidad. Nuestro cónyuge.

Proverbios 18.22 “Quien halla esposa halla la felicidad: muestras de su favor le ha dado el Señor.” -NVI

Proverbios 19.14 “La casa y el dinero se heredan de los padres, pero la esposa inteligente es un don del Señor.” -NVI

El matrimonio es un regalo de Dios, es algo maravilloso. Es por ello que sería insensato de nuestra parte descuidar un regalo tan maravilloso. Es por ello que Dios en el libro de proverbios nos da algunos ingredientes con el que debemos alimentar nuestra relación matrimonial.

Confianza

Proverbios 31.11 “El corazón de su marido confía en ella…”

Cada vez estamos más acostumbrados a ser desconfiados. Queremos que todo esté por escrito, miramos y volvemos a mirar los billetes para verificar que no son falsos, necesitamos notarios para casi todo… Pero si queremos construir de la mejor manera una familia, uno de los ingredientes principales es la confianza.

Pablo nos dijo que “El amor […] todo lo cree” 1 Corintios 13.4-7. Por eso no podemos decir que estamos construyendo un hogar con amor si no hay confianza. La confianza tiene que ser mutua.

Fidelidad

Proverbios 5.15-17 “Bebe el agua de tu propia cisterna, los raudales de tu propio pozo. ¿Acaso han de derramarse tus fuentes por las calles y tus corrientes de aguas por las plazas? Sean ellas para ti solo, no para los extraños que estén contigo.”

En estos tiempos en que cada vez más los límites están difusos deberíamos preguntarnos: ¿Cuándo comienza la infidelidad? uno es infiel cuando pone en el lugar de su cónyuge a otra persona o cosa. Le estás traicionando y desplazando a un segundo plano. De la misma manera que Dios llamaba a su pueblo infiel cuando en el lugar que sólo Él debía ocupar ponían otros dioses.

Gozo

Proverbios 5:18 “Sea bendito tu manantial y alégrate con la mujer de tu juventud, cierva amada, graciosa gacela. Que sus caricias te satisfagan en todo tiempo y recréate siempre en su amor.”

En nuestros hogares debe haber gozo. Es interesante notar que el verbo alégrate está en imperativo, porque está en nuestras manos construir un matrimonio gozoso o un matrimonio lleno de amargura. Tenemos que aprender a deleitarnos, a disfrutar, a gozarnos en nuestra relación marital.

Alabanzas

Proverbios 31.28 ”Se levantan sus hijos y la llaman bienaventurada; y su marido también la alaba”

Muchas veces los cristianos nos olvidamos que también se puede alabar a las personas. Puesto que alabar es la acción de proclamar o reconocer las virtudes de otra persona. Deberíamos reconocer las virtudes de nuestro cónyuge y expresarlas de manera verbal. Debemos valorar y hacérselo saber a nuestro ser amado. Es lo que algunos consejeros familiares llaman “Palabras de Afirmación”. Pero no, confundamos la alabanza, con la lisonja. La lisonja es una alabanza que busca un beneficio. Con un doble sentido y con un interés. Aprendamos a expresar lo que significa para nosotros nuestra pareja.

Conclusión

La manera más sabia de construir un hogar es seguir la receta del inventor del matrimonio. Por eso debemos utilizar los ingredientes que Dios ha marcado: Confianza, Fidelidad, Gozo y Palabras de Afirmación. Sin ellos no existe el verdadero amor. Y si queremos aprender a vivir sabiamente en nuestra sociedad, primero debemos tener una relación correcta con Dios, después: continuar con nuestro hogar.

Edifica tu Casa con Sabiduría: Dios Busca una Descendencia

Así como el Señor nos creó conforme a su imagen y semejanza, igualmente espera que nos multipliquemos y produzcamos una descendencia para Él.

Malaquías 2:15 “¿No hizo él uno, habiendo en él abundancia de espíritu? ¿Y por qué uno? Porque buscaba una descendencia para Dios. Guardaos, pues, en vuestro espíritu, y no seáis desleales para con la mujer de vuestra juventud.”

Como hijos de Dios, debemos reproducir lo que el Espíritu Santo ha hecho en nosotros. La familia es el terreno que Dios utiliza para hacer crecer esa semilla y propagarla. Para que cada vez  más hijos e hijas se encarguen de traer el Reino de Dios a la tierra; se encarguen de llevar luz a donde haya oscuridad.

Pero para establecer el Reino a través de la familia, debemos aprender principios fundamentales relacionados con el matrimonio, con los hijos, con las relaciones y aún con la iglesia.


Unidos para siempre

Es indispensable comprender y fundar en nuestros hijos la idea y mandato divino de que el matrimonio es para siempre. Hasta que la muerte nos separe. A muchos puede sonarle anticuado, o tal vez muy idealista debido a que no vieron ese ejemplo en sus padres. Pero al ser nuevas criaturas en Cristo Jesús, no tenemos excusa de lo que se nos enseñó o no se nos enseñó, porque el Espíritu Santo que vive en nosotros, nos ayuda en nuestras debilidades.

Mateo 19:6 “Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre.”

 

El matrimonio es un Pacto

La unión matrimonial no es un pacto del hombre con la mujer y viceversa como muchos piensan. Es un pacto del hombre con Dios y de la mujer con Dios. Es una relación entre tres: esposo, esposa y Dios. Evidentemente siendo Dios el eje central de la relación. Por lo tanto es un pacto santo, que no puede ser quebrantado.

Malaquías 2:14 “Mas diréis: ¿Por qué? Porque Jehová ha atestiguado entre ti y la mujer de tu juventud, contra la cual has sido desleal, siendo ella tu compañera, y la mujer de tu pacto.”

 

El perdón

El egoísmo y el orgullo son enemigos que diariamente se meten en nuestro matrimonio. Bien sea porque somos de los que creemos tener siempre la razón, o porque creemos que una diferencia con nuestro cónyuge nos va a llevar a humillarnos, o simplemente porque eso fue lo que aprendimos de nuestros padres. Pero sea cual sea la situación, debemos aprender que no tenemos lucha contra sangre ni contra carne, sino que el enemigo quiere a toda costa lograr una división. Por tanto, debemos estar alerta y aún más importante, perdonar a nuestro cónyuge si nos ha herido.

La falta de perdón es un asesino del matrimonio. EL perdón no es un sentimiento, es una decisión; no es una alternativa, es un mandato del Señor.

Mateo 6:14 “Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial.”

No importa lo mal que nos sintamos, el perdón debe ser de corazón y debe ser un estilo de vida. Cuando perdonamos, evitamos dar lugar al enemigo para que una pequeña división, se convierta en una raíz de amargura y en un motivo de separación definitiva.


Resumen

El Señor ha creado la familia como el núcleo de la sociedad, para establecer su Reino en la tierra. Como tal, debemos esforzarnos y defender la unidad matrimonial y familiar, para que Dios pueda utilizarnos haciendo su voluntad. Dios ha creado el matrimonio como un pacto de nosotros con Él y es por eso que es sagrado y debemos procurar mantenerlo firme. Sí, vamos a enfrentar adversidades, pero no hay obstáculo que no podamos vencer con el Espíritu Santo y la palabra de Dios, porque Él no sólo nos pone la prueba, sino que junto con ella, nos da la solución.

 

Edifica tu casa con sabiduría: ¿Un hogar o una casa?

Una casa es:

Proverbios 24:1-4: “No tengas envidia de los hombres malos, ni desees estar con ellos; Porque su corazón piensa en robar, e iniquidad hablan sus labios. Con sabiduría se edificará la casa, y con prudencia se afirmará; y con ciencia se llenarán las cámaras de todo bien preciado y agradable.”

El texto habla de la edificación de una casa. Sin embargo, cuando las Escrituras, especialmente el Antiguo Testamento, hablan de una casa, no se refieren al lugar donde habita una familia, sino a un hogar.

Hay mucha importancia en la diferencia de una casa y un hogar. Los carpinteros construyen casas, padres edifican hogares. Y la calidad y el carácter espiritual de un hogar no están relacionados en absoluto con la calidad y el valor de la casa.

Es posible tener una casa que cueste millón de dólares, pero no es un hogar. También es posible tener un hogar en las condiciones más humildes. Así que un hogar no es dependiente de una casa.

Un hogar es:

Generalmente hablando, un hogar se refiere a aquellos que viven en una habitación y particularmente a una familia. Una familia, generalmente hablando, está constituida por un esposo, una esposa, y sus hijos. Es posible, de acuerdo a la providencia de Dios, que el esposo y la esposa no tenga hijos.

Ellos también tienen un hogar. Incluso una viuda o un viudo pueden tener un hogar. Pero generalmente hablando, el Señor ha ordenado que una familia consista de padres e hijos. Eso solo, no garantiza tener un hogar. Hay muchos lugares habitables en el mundo donde encuentras padres e hijos, pero no encuentras un hogar.

En el compañerismo de amor, de mutuo compartir la vida, de felicidad y gozo. La palabra clave es “compañerismo“. Si tú tienes una casa donde hay padres e hijos y tienen peleas en la casa, no tienes un hogar. Por eso es que Salomón, en toda seriedad, habla más de una vez en el libro de Proverbios acerca del hecho de que.

Proverbios 25:24: “Mejor es estar en un rincón del terrado, Que con mujer rencillosa en casa espaciosa.”

Y aunque este versículo se escribió usando la palabra mujer este aplica a ambos varón y hembra. Salomón lo hace claro de otra manera, cuando escribe.

Proverbios 15:17: “Mejor es la comida de legumbres donde hay amor, Que de buey engordado donde hay odio.”

Donde no hay amor, unidad, harmonía o compañerismo, es imposible tener un hogar. ¿Y cuál es el uso de una vivienda si no es un hogar? Un hogar es el trabajo de la gracia de Dios. Aun cuando la familia fue establecida en el edén cuando Dios unió a Adán y a Eva y les ordenó que fecundaran la tierra y se multiplicaran, este hogar fue fundamentalmente destruido por el pecado.

Debido a que la principal característica de un hogar, es el amor, su característica esencial es la manifestación y la representación del pacto con Dios. Dios es en El mismo, una familia. Dios como el Padre, Hijo y el Espíritu Santo. Así también, su propia vida trinitaria de compañerismo es una vida familiar.

Por el trabajo de Gracia, Él forma Su iglesia en una familia celestial en la que el Dios trinitario es nuestro Padre, Cristo es nuestro Hermano, y toda la gente de Dios son los hermanos y hermanas que juntos hacemos la familia de Dios.

Resumen

Cuando los padres son sabios, el hogar es construido en Cristo. Y cuando las tormentas de la vida vienen, porque vendrán, esa casa permanecerá. Las tormentas furiosas golpean contra la casa, pero la casa no puede ser destruida. Una casa donde las posesiones materiales son lo más importante, al final es destruido. En cambio un hogar donde las tormentas, problemas, dolores, aflicciones, y sufrimientos soplan contra el jamás será destruido. Las tormentas sirven para llevar a la familia más cerca. Y este un hogar construido y establecido en la Roca.

Edifica tu Casa con Sabiduría: Sabios y Prudentes

Proverbios 24:3-4 “Con sabiduría se edifica la casa, con prudencia se afirma y con Ciencia se llenan las cámaras de todo bien preciado y agradable.”

Una casa se edifica primero con sabiduría y prudencia, luego con gusto. La sabiduría y el conocimiento que te llevan al éxito en los negocios, es la misma que utilizas para edificar la casa.

Según este versículo, Dios quiere que tengamos un hogar sólido y balanceado, y que lo llenes con buenas cosas, pero además que la familia sea edificada con sabiduría, que si hay problemas, estos sean sabiamente resueltos, que si hay escasez que sepamos sabiamente llevar un presupuesto, si tenemos que tomar decisiones, que estas sean con sabiduría.

Muchas veces le repiten a mujer “que edifique su casa con sabiduría”, y realmente es bíblico, pero en un hogar no solo está la madre, también está el padre. Por ende los dos se tienen que comprometer en tomar decisiones sabias.

En los diccionarios la palabra sabiduría es: la conducta prudente de una persona, y su habilidad y conocimiento de ciencias, letras y arte, pero los estudios nos mencionan que hay dos clases de sabiduría si leemos Jeremías 8:9 Los sabios se avergonzaron, se espantaron y fueron consternados; he aquí que aborrecieron la palabra de Jehová; ¿y qué sabiduría tienen?

Podemos contestar, que eso es sabiduría incorrecta, entonces entendemos que hay dos clases de sabiduría, la humana que es soberbia, que no encaja con la sabiduría de Dios y solo te lleva a la destrucción.

1 Corintios 1:19-20 “Pues está escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios, y desecharé el entendimiento de los entendidos. ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde está el disputador de este siglo? ¿No ha enloquecido Dios la sabiduría del mundo?”

También existe la buena, la que nos da Dios y esa es la que hace que tanto el hombre como la mujer tengan una vida satisfactoria de bien y de verdad.

No estamos diciendo que con sabiduría no vamos a tener problemas y dificultades sino que con sabiduría vamos a enfrentar estas dificultades y vamos a salir victoriosos.

La sabiduría se caracteriza por su prudencia

Proverbios 10:19 “En las muchas palabras no falta pecado; mas el que refrena sus labios es prudente.”

La palabra de Dios nos ensena que muchas veces debemos de callar, pero usted dirá “pero si no hablo y discuto puedo perder mi autoridad” no es cierto, gana más el que calla y escucha, pues así se da cuenta de lo que realmente está sucediendo con la otra persona. Si dejamos hablar a otros podemos entender que le sucede, tal vez es algo sencillo de resolver, pero nuestro gran problema es no poder cerrar la boca y lo que hacemos es complicar más los problemas.

Seamos más prudentes con nuestras parejas y familias. Evitemos estar dando nuestra opinión, o démosle solamente cuando lo pidan, mientras procuremos callar.

Proverbios 9:10 “El temor de Jehová es el principio de la sabiduría, y el conocimiento del Santísimo es la inteligencia.”

Resumen

Dios puso de primero el hogar y su edificación. Esto es lo más importante para Él y tiene que ser lo primero para nosotros, de nada sirven las añadiduras si el hogar está destruido. Sin no tenemos familia con quien gozar todo lo demás. Debemos edificar nuestra casa, quizá a estado mal, quizá no hay comprensión, tal vez hay hijos malcriados, esposos indiferentes, esposas que nos comprensivas en fin tantas cosas que queremos arreglar y no podemos, Dios tiene buenas noticias para ti. Nunca es tarde, el Señor promete que todo lo que pidamos en oración, El nos lo dará, así que anímese, pida, pida, esta es una de las cosas que El si da porque va conforme a su corazón, y es tener sabiduría para tener una familia unida, amorosa y temerosa de Dios.

La Ruta hacia el Perdón

Dios nos recomienda hacer lo que Él hace, Dios trabaja con su memoria, Él no recuerda malos momentos, dice “Yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo”

Génesis 41:51-52 “Y llamó José el nombre del primogénito, Manasés; porque dijo: Dios me hizo olvidar todo mi trabajo, y toda la casa de mi padre. Y llamó el nombre del segundo, Efraín; porque dijo: Dios me hizo fructificar en la tierra de mi aflicción.”

José contó con la bendición de Dios, todo lo que hacía prosperaba y tuvo que tomar la decisión de olvidar cosas de su vida para que no dañaran su futuro, por eso es importante aprender a administrar nuestros recuerdos.

Las personas que recuerdan malos momentos son personas que les cuesta avanzar en la vida. En un álbum de fotos se guardan recuerdos de buenos momentos, no de malos, de la misma forma deberíamos permitir que en nuestra memoria se graben los momentos buenos y olvidar los malos para seguir adelante.

Isaías 43:25 “Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados.”

Cuando Dios te perdona no sólo lo hace por ti sino por amor a sí mismo. Cuando perdonas a alguien debes hacerlo por amor a la persona y por amor a ti, debes perdonar para poder conservar una relación.

Dios te perdona porque quiere continuar contigo, no quiere separarse de ti. Dios se ama tanto que está dispuesto a olvidar lo que has hecho con tal de no martirizarse a él mismo, los malos recuerdos atormentan. Si Dios decide olvidar, nosotros también debemos hacerlo.

Aprenda a administrar su memoria

Cuando esté pasando por momentos malos piense en lo bueno y la paz llegará, la paz de Dios está asociada a nuestros pensamientos.

El Capítulo 11 del Libro de Hebreos, es un Capítulo de recuerdos, Dios recuerda a Abraham por su fe, a Sara que siendo estéril tuvo un hijo, recuerda la fe de Jacob, la ofrenda de Abel, recuerda a Noé que por fe construyó el arca y se salvó toda su familia, a Moisés que en lugar de poner su mirada en las riquezas de Faraón la puso en el invisible, recuerda la fe de David, de Gedeón, Dios recuerda la fe de Sansón, no recordó lo malo que hizo.

En Malaquías dice que hay un libro de memoria de Dios donde están escritos todos los logros que has tenido, ese es el libro que el Señor revisa, él revisa los buenos momentos que ha pasado con nosotros.

Salmo 103:1-5 “Bendice, alma mía, a Jehová, Y bendiga todo mi ser su santo nombre. Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios. Él es quien perdona todas tus iniquidades, El que sana todas tus dolencias; El que rescata del hoyo tu vida, El que te corona de favores y misericordias; El que sacia de bien tu boca De modo que te rejuvenezcas como el águila.”

Dios perdona, sana, rescata, corona, sacia, está hablando en tiempo presente, no en pasado, el tiempo en el que estas palabras están conjugadas es “estado actual de acción, algo que se está haciendo constantemente”. Él no es el que te perdonó, es el que te sigue perdonando; no es el que te sanó, es el que te sigue sanando; no es el que te rescató es el que te sigue rescatando, el que te sigue bendiciendo.

La palabra rejuvenecer quiere decir renovar o reparar, el águila se repara cuando se arranca las plumas, cuando se rompe el pico contra la roca porque sabe que si no lo hace puede morir, sangra, pero lo logra, se rejuvenece, por eso José dijo: “Mi segundo hijo se llama Efraín porque Dios me ha hecho fructificar en medio de mi aflicción”.

Resumen

En la ruta hacia el perdón debemos comprender que, podemos ser ofendidos muchas veces y por diferentes personas o situaciones. Pero el perdón debe ser aplicado de la misma forma y sin importar a quien. Así es nuestro Padre, no importa quién es la persona, ni cuán grande haya sido su pecado. Él perdona todos sus errores e iniquidades y jamás se acuerda de ellos. Debemos imitarlo a Él. Perdona y olvida ya.

El Perdón Te Libera

Miqueas 7:19 “El volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados.”

La Biblia dice que cuando Dios perdona nuestros pecados, los entierra en lo profundo del mar y nunca más se acuerda de ellos. Tú vas a Dios y le dices: “Señor, perdóname”. “¿De qué?”, te contesta Dios. Hay personas que dicen: “Yo le pido perdón a Dios todos los días de mi vida por lo que hice”. ¿Para qué le pides perdón a Dios de algo que ya ni se acuerda? Él es amoroso y misericordioso. Para librarnos de muchos males es necesario que tomes la decisión de olvidar y perdonar.

Nos beneficiamos enormemente cuando decidimos perdonar y lo mismo ocurre con todos a tu alrededor. Ya sea que necesites perdonar a los demás, o la necesidad de perdonarte a ti mismo, al hacerlo te libera del pasado y te permite cumplir con tu verdadero potencial. El perdón permite liberarte de las creencias y actitudes limitantes.

Si no has perdonado entonces, una parte de tu energía de vida interior está atrapada en el resentimiento, la ira, el dolor o el sufrimiento de algún tipo. Esta energía vital atrapada te limitará. Es como si trataras de montar en bicicleta con los frenos parcialmente puestos todo el tiempo. Te hace más lento, te frustra y hace que sea difícil avanzar.

A medida que aprendas a perdonar, las habilidades que habían estado latentes en tu interior surgirán, y descubrirás que tú mismo eres una persona mucho más fuerte y más capaz de lo que imaginaste.

Si siembras perdón, cosecharás perdón.

Gálatas 6:7 “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará”

Si tú siembras perdón, serás perdonado, si siembras odio, serás odiado. ¡Perdonar permite olvidar y avanzar! Nuestra mente es como un disco duro de una computadora, no puedes ponerle más de lo que puede abarcar porque tiene una cierta capacidad. Para poder avanzar en la vida hacia el futuro, tenemos que ir borrando cosas que no sirven y nos detienen, como hacemos con la computadora, enviamos a la papelera de reciclaje todos los archivos que ya no sirven para nada, de modo que así, la computadora tiene más capacidad para poder trabajar.

De igual forma, nosotros no podemos trabajar reteniendo los recuerdos del pasado, no podemos avanzar hacia el futuro si tenemos nuestra mente ocupada con esos problemas. La Biblia dice que 2 Corintios 5:17 “el que está en Cristo es una nueva criatura, las cosas viejas pasaron y todas son hechas nuevas”.

Resumen

Dios quiere que avances hacia el futuro, tu bendición no está en el pasado, la esperanza de algo grande está ligada al perdón, lo mejor está por venir y tú vas hacia allí y no al pasado. No puedes envolverte en el rencor. Sé libre. El apóstol Pablo dijo: Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.  El premio está adelante. Tienes que avanzar hacia tu meta. Lo que te hicieron y que tú no puedes olvidar está dañando tu bendición futura. Perdonar permite que puedas avanzar.

Perdonar a Otros es un Deber

perdon-2

Viviendo los Principios del Reino de Dios

El reino del mundo que dirige Satanás contiene una ideología opuesta y conflictiva con los principios del Reino de Dios. Estos valores ideológicos se han fijado de tal modo en la mente de los seres humanos que dificultan el que podamos perdonar a otros.

Nuestro perdón se basa sobre el sacrificio de Cristo en la cruz

1 Juan 1:7 “pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.”

1 Juan 2:12 “Os escribo a vosotros, hijitos, porque vuestros pecados os han sido perdonados por su nombre.”

Como cristianos, se nos llama a perdonar de manera, tan plena como nosotros mismos hemos recibido el perdón de Dios

Mateo 6:12 “Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.”

Colosenses 3:13 “soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.”

Lucas 17 3-4 “Mirad por vosotros mismos. Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale. Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día volviere a ti, diciendo: Me arrepiento; perdónale.”

Ahora bien si sabemos que Dios nos ha perdonado de nuestros pecados, aun sin merecerlo, ¿No crees que nosotros debamos también imitar este acto de amor, perdonando a todos aquellos que nos ofenden?

La falta de perdón ata a las personas con el resentimiento, lo tiene encadenado, la falta de perdón es el veneno más destructivo para el espíritu, ya que neutraliza los
recursos emocionales que tienes. El Perdón nos libera de ataduras que nos amargan el alma, y enferman el cuerpo.

Algunos consejos que te ayudaran en el proceso de perdonar

1. Buscar consejo Sabio: Consiste en conversar y analizar con una persona de confianza, objetiva, capaz de escuchar, analizar la situación.

2. Tener compasión y misericordia: Significa esforzarse para ver al agresor como un ser humano, tratar de comprender lo que le llevo a causar daño.

3. Humildad: Es necesario eliminar el orgullo, que actúa como una barrera antes de ceder el perdón.

4. Perdonarse a sí mismo, haciendo real en su vida el perdón que Jesús le dio: Reconocer que Jesús me ha perdonado, y a la vez perdonarme a mí mismo de todo aquello que me está causando intranquilidad en mi corazón.

5. Lo más importante de todo, permitir que Dios actué en mi vida con completa libertad y que sea el quien guie la barca de mi vida.

Conclusión

Para poder perdonar tenemos que entender, que la voluntad de Dios para nuestra vida es que tengamos un corazón perdonador, que echemos fuera todo resentimiento o rencor que se quiere anidar en nuestra vida, y permitir que Jesús sea quien guié por completo nuestro destino. Jesús quiere que perdonemos así como él nos perdona a nosotros.

El Perdón

El Perdon

Viviendo los Principios del Reino de Dios

Esta serie se centra en el tema del perdón y las enseñanzas de Jesús sobre cómo tenemos que estar dispuestos a perdonar a otros a fin de experimentar el amor del Padre.

Introducción

Jesús por donde iba, siempre enseñaba sobre el Reino de Dios. Este fue el tema de su primera enseñanza. Él decía. Se ha cumplido el tiempo. El Reino de Dios está cerca. Arrepiéntanse y crean las buenas nuevas. También fue el último tema de conversación con sus discípulos antes de ascender al cielo.

Jesús decía que el Reino de Dios no era un lugar. Él decía que aquellos que hayan invitado el Espíritu de Dios en sus corazones, “el Reino de Dios vive en ellos”. Si tú has aceptado a Jesús como tu Salvador y Señor, eres parte del Reino de Dios. Ser miembro del Reino de Dios significa tener una nueva relación con Dios. Una relación que empieza aquí, ahora y dura para siempre.

Jesús conto muchas historias o parábolas para ayudar a las personas a comprender que las cosas en el Reino de Dios son diferentes a como son en el mundo. Uno de los principios más importantes del Reino de Dios que discutiremos es la ley del perdón.

Una buena definición de perdonar es: La decisión de relacionarse como si nunca nada malo ha sucedido con alguien que ha hecho un mal en contra de nosotros. Eso es lo que Dios hace por nosotros. Él nos perdona. Dios se relaciona con nosotros, como si nunca hubiéramos pecado, y el espera que hagamos lo mismo por nuestros hermanos. Estudiemos esta parábola de Jesús sobre el perdón.

Mateo 18:21-35 “Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete. Por lo cual el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos. Y comenzando a hacer cuentas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos. A éste, como no pudo pagar, ordenó su señor venderle, y a su mujer e hijos, y todo lo que tenía, para que se le pagase la deuda. Entonces aquel siervo, postrado, le suplicaba, diciendo: Señor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. El señor de aquel siervo, movido a misericordia, le soltó y le perdonó la deuda. Pero saliendo aquel siervo, halló a uno de sus consiervos, que le debía cien denarios; y asiendo de él, le ahogaba, diciendo: Págame lo que me debes. Entonces su consiervo, postrándose a sus pies, le rogaba diciendo: Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. Más él no quiso, sino fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase la deuda. Viendo sus consiervos lo que pasaba, se entristecieron mucho, y fueron y refirieron a su señor todo lo que había pasado. Entonces, llamándole su señor, le dijo: Siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste. ¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti? Entonces su señor, enojado, les entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debía. Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas.”

Pedro fue a Jesús con una pregunta específica sobre el perdón. Pedro obviamente estuvo analizando las enseñanzas sobre el perdón y había escuchado lo que los rabinos decían:

Si alguien te hace mal, y lo perdonas, Dios estará contento contigo. Si esta persona te ofende una segunda vez, y nosotros lo perdonamos, Dios estará muy contento con nosotros, y si esta persona por tercera vez, nos hace daño, y nosotros lo perdonamos, es todo lo que Dios espera de nosotros.

Pedro sospechaba que Jesús tendría una enseñanza diferente, Pedro sabía que Jesús diría que tres veces no es suficiente. Entonces Jesús respondió que no solo hay que perdonar tres veces, sino Él dijo que hay que perdonar setenta veces siete.

Resumen

Cada uno de nosotros en nuestro proceso de restauración experimentara que nuestras relaciones también se irán mejorando, relaciones dañadas entre nuestras familias y amigos. El Espíritu Santo de Dios trabaja con nuestro interior y así nuestras relaciones cambian. Cuando nosotros experimentamos el perdón de Dios, comenzamos a perdonar a nuestros hermanos, y aprenderemos a pedir perdón por nuestras ofensas a otro.