El Perdón

El Perdon

Viviendo los Principios del Reino de Dios

Esta serie se centra en el tema del perdón y las enseñanzas de Jesús sobre cómo tenemos que estar dispuestos a perdonar a otros a fin de experimentar el amor del Padre.

Introducción

Jesús por donde iba, siempre enseñaba sobre el Reino de Dios. Este fue el tema de su primera enseñanza. Él decía. Se ha cumplido el tiempo. El Reino de Dios está cerca. Arrepiéntanse y crean las buenas nuevas. También fue el último tema de conversación con sus discípulos antes de ascender al cielo.

Jesús decía que el Reino de Dios no era un lugar. Él decía que aquellos que hayan invitado el Espíritu de Dios en sus corazones, “el Reino de Dios vive en ellos”. Si tú has aceptado a Jesús como tu Salvador y Señor, eres parte del Reino de Dios. Ser miembro del Reino de Dios significa tener una nueva relación con Dios. Una relación que empieza aquí, ahora y dura para siempre.

Jesús conto muchas historias o parábolas para ayudar a las personas a comprender que las cosas en el Reino de Dios son diferentes a como son en el mundo. Uno de los principios más importantes del Reino de Dios que discutiremos es la ley del perdón.

Una buena definición de perdonar es: La decisión de relacionarse como si nunca nada malo ha sucedido con alguien que ha hecho un mal en contra de nosotros. Eso es lo que Dios hace por nosotros. Él nos perdona. Dios se relaciona con nosotros, como si nunca hubiéramos pecado, y el espera que hagamos lo mismo por nuestros hermanos. Estudiemos esta parábola de Jesús sobre el perdón.

Mateo 18:21-35 “Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete. Por lo cual el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos. Y comenzando a hacer cuentas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos. A éste, como no pudo pagar, ordenó su señor venderle, y a su mujer e hijos, y todo lo que tenía, para que se le pagase la deuda. Entonces aquel siervo, postrado, le suplicaba, diciendo: Señor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. El señor de aquel siervo, movido a misericordia, le soltó y le perdonó la deuda. Pero saliendo aquel siervo, halló a uno de sus consiervos, que le debía cien denarios; y asiendo de él, le ahogaba, diciendo: Págame lo que me debes. Entonces su consiervo, postrándose a sus pies, le rogaba diciendo: Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. Más él no quiso, sino fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase la deuda. Viendo sus consiervos lo que pasaba, se entristecieron mucho, y fueron y refirieron a su señor todo lo que había pasado. Entonces, llamándole su señor, le dijo: Siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste. ¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti? Entonces su señor, enojado, les entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debía. Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas.”

Pedro fue a Jesús con una pregunta específica sobre el perdón. Pedro obviamente estuvo analizando las enseñanzas sobre el perdón y había escuchado lo que los rabinos decían:

Si alguien te hace mal, y lo perdonas, Dios estará contento contigo. Si esta persona te ofende una segunda vez, y nosotros lo perdonamos, Dios estará muy contento con nosotros, y si esta persona por tercera vez, nos hace daño, y nosotros lo perdonamos, es todo lo que Dios espera de nosotros.

Pedro sospechaba que Jesús tendría una enseñanza diferente, Pedro sabía que Jesús diría que tres veces no es suficiente. Entonces Jesús respondió que no solo hay que perdonar tres veces, sino Él dijo que hay que perdonar setenta veces siete.

Resumen

Cada uno de nosotros en nuestro proceso de restauración experimentara que nuestras relaciones también se irán mejorando, relaciones dañadas entre nuestras familias y amigos. El Espíritu Santo de Dios trabaja con nuestro interior y así nuestras relaciones cambian. Cuando nosotros experimentamos el perdón de Dios, comenzamos a perdonar a nuestros hermanos, y aprenderemos a pedir perdón por nuestras ofensas a otro.