Eligiendo Nuestra Paternidad

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Centro Cristiano Bet-el, Dorado Puerto Rico

Los principales constructores de los destinos de los hijos son los padres. Nosotros somos hoy, en un noventa por ciento, lo que nuestros padres nos hayan enseñado.

Marcos 3:35 –“Porque todo aquel que hace la voluntad de Dios, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre”.

Juan 1: 12 y 13 – “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios”.

Romanos 12:2 – Y no vivan ya como vive todo el mundo. Al contrario, cambien de manera de ser y de pensar. Así podrán saber qué es lo que Dios quiere, es decir, todo lo que es bueno, agradable y perfecto.

Los padres son los ministradores más directos de nuestras vidas. Cada palabra, cada ejemplo formó la base principal de lo que nosotros somos hoy. Es necesario ver con sumo cuidado y con la verdad de Dios, lo que han sido nuestras vidas y saber que cada palabra dicha por nuestros padres nos marcó profundamente.

El poder de elegir tu paternidad

Solo los reyes buscan su paternidad, buscan sus raíces.

1 Reyes 15:11 – “Asa hizo lo recto ante los ojos de Jehová, como David su padre”.

Cuenta la Biblia de un rey llamado Asa, de quien se habla como Hijo de David, aunque Asa no era hijo directo de David, se le reconocía así, pues él determinó identificarse con David en un corazón que agrade a Dios, dejando de lado los malos ejemplos de sus padres biológicos.

Como Asa, hoy podemos elegir nuestro modelo a alcanzar. Nosotros no estamos obligados a seguir todos los ejemplos de nuestros padres; siguiendo malos modelos, o bien modelos que no fueron malos, pero si insuficientes para depositarnos en nuestro propósito.

La mayoría de los padres de nuestra generación no conocían la palabra “potencial” y no pudieron despertarlo en nosotros. Entonces entendemos que si el ejemplo no fue el mejor, hoy podemos elegir a que mentalidad le daremos autoridad en nuestras vidas. No olvide que tiene el derecho en Cristo de ser diferente y feliz.

Quebrantando Las Malas Raíces

Lucas 2: 41-49 – “Iban sus padres todos los años a Jerusalén en la fiesta de la pascua; y cuando tuvo doce años, subieron a Jerusalén conforme a la costumbre de la fiesta. Al regresar ellos, acabada la fiesta, se quedó el niño Jesús en Jerusalén, sin que lo supiesen José y su madre. Y pensando que estaba entre la compañía, anduvieron camino de un día; y le buscaban entre los parientes y los conocidos; pero como no le hallaron, volvieron a Jerusalén buscándole. Y aconteció que tres días después le hallaron en el templo, sentado en medio de los doctores de la ley, oyéndoles y preguntándoles. Y todos los que le oían, se maravillaban de su inteligencia y de sus respuestas. Cuando le vieron, se sorprendieron; y le dijo su madre; Hijo ¿Por qué nos has hecho así? He aquí, tu padre y yo te hemos buscado con angustia. Entonces él les dijo: ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?

A los 12 años, Jesús ya había encontrado su valor pues había reconocido en su vida una paternidad superior, la paternidad de su creador.

¿Cuántas veces sintió que nada de lo que hace tiene valor en la vida, que nadie lo valora, ni lo aplaude? Hoy puede vivir por encima de las palabras que un día lo marcaron. Quizás palabras como “INUTIL O FRACASADO” fueron una especie de sello en su vida que lo anuló en todo avance. Pero, hoy puede determinar su paternidad; Dios es su padre y desea lo mejor para usted. Él ha marcado un destino exitoso para su vida, Por lo tanto, a usted le conviene estar en los negocios que el Padre pensó para usted. Los negocios de Dios le darán el valor y el reconocimiento que Él tiene para su vida.

Resumen

Usted es todo lo que Dios dice sobre su vida. Usted puede todo lo que Dios dice y tiene todo lo que el Padre dice. Su vida está llena de potencial, talentos y dones porque tiene la naturaleza de Dios. Hoy puede recobrar el valor de lo que Dios puso en usted, eligiendo que la paternidad del Cielo gobierne sobre la paternidad recibida en esta tierra.